Psicología

“El cambio se produce cuando uno acepta ser lo que es; no cuando intenta ser lo que no es.”  

La terapia Gestalt está englobada dentro de las denominadas terapias Humanistas, y al igual que éstas hace un especial hincapié en el desarrollo de los potenciales de cada individuo, como medio para hacer frente a las dificultades que van surgiendo a lo largo de la vida.

Partiendo de esta base, todo el proceso terapéutico va encaminado a que el paciente se reencuentre consigo mismo.

Es un regreso a casa; una casa que se abandonó para cumplir unas expectativas y unas metas que no eran las propias. En ese viaje de retorno se van recuperando todas aquellas facetas de uno mismo que se dejaron por el camino, porque no se correspondían con la imagen que el entorno demandaba de nosotros.

En la medida que nos permitimos ampliar nuestras posibilidades de ser “también así” (antipático, grosero, triste, o lo que sea), vamos ganando grados de libertad y empezamos a habitar nuestra propia vida. Es decir, dejamos de ser función de los demás, para empezar a ser función de uno mismo.

Para conseguir este objetivo, los tres principios básicos de los que se sirve la psicoterapia Gestalt son:

–     la toma de conciencia, entendida como la capacidad de darse cuenta de lo que uno es o hace. Qué hago, cómo lo hago y para qué lo hago…

–     la valoración del momento presente,”aquí y ahora”, más que del pasado o del futuro y

–     la aceptación de la responsabilidad sobre lo que se está sintiendo, haciendo, evitando o deseando; es decir aceptar la responsabilidad sobre la propia vida.

El beneficio que se obtiene con el proceso terapéutico va mas allá de la reducción de una sintomatología concreta; nos brinda la posibilidad de estar en este mundo de una manera más real, menos exigente y más plena.